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T R O N I E S

UN AUTORRETRATO FRAGMENTADO

Diego Serrano · 2024–2026

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La Colección

Las Tronies de Diego Serrano son retratos prestados que el autor utiliza como punto de partida para dar forma a su propio autorretrato. No buscan reproducir la similitud física de un modelo, sino convertirse en vehículos donde el artista deposita vivencias, emociones y estados mentales.

Cada lienzo funciona como parte de un autorretrato encubierto: rostros ajenos que, sin ser de nadie en particular, terminan por ser profundamente personales.

"No son retratos de otros. Son autorretratos que no muestran un rostro propio"

— Diego Serrano, sobre la serie Tronies

Cada Tronie funciona como una variación emocional.
Lo figurativo sostiene la forma.
Lo expresionista la vuelve porosa.

Concepto y técnica

La obra de Diego Serrano se sitúa en el umbral entre lo figurativo y lo expresionista. Con óleo sobre lienzo, una paleta contenida y un trazo cargado de energía, el pintor rehúye el hiperrealismo como fin técnico y explora la imperfección como espacio de verdad humana.

En esta serie, retoma la tradición de las tronies del Siglo de Oro neerlandés —estudios de fisonomías y expresiones sin identidad definida, creados no como retratos personales sino como ejercicios pictóricos y de carácter— para llevarla a un terreno íntimo y contemporáneo.

 

Sus Tronies no se limitan a ser estudios: se convierten en espejos interiores donde lo figurativo levanta la máscara y lo expresionista la vuelve porosa, permitiendo que lo íntimo se filtre.

Los nombres de las obras

Cada obra nace bajo el nombre de una diosa, no como referencia mitológica literal, sino como recurso para elevar el retrato a un estatus simbólico, más allá de la carne y la semejanza física.

El nombre funciona como una clave que aleja al espectador de la idea de retrato individual y lo sitúa en un territorio de arquetipos y emociones. Las obras están numeradas para reforzar esa distancia respecto a lo personal, acentuando que lo que importa no es quién aparece, sino lo que se expresa.

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Seis estados.
Un mismo rostro interior

La serie inicial de 6 pinturas originales, se articula como un recorrido emocional.

De la confrontación a la aceptación.
De la herida al reconocimiento.
De la fractura a la recomposición.

Cada obra no funciona como episodio aislado, sino como parte de una investigación pictórica sobre la identidad y su transformación.

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Tronie #1 Lachesis

Confrontación con la conciencia

En Lachesis, el rostro emerge desde la penumbra como si estuviera siendo descubierto por fragmentos de luz y memoria. La figura, parcialmente oculta tras una mano que no protege sino que delimita, encarna la tensión entre lo que se ve y lo que se intuye.

Serrano convierte el gesto pictórico en un registro emocional: las capas de óleo, empastadas y erosionadas, revelan una identidad que se debate entre el control y la entrega. En esta obra inaugural de la serie, la diosa del destino se reinterpreta como símbolo del instante en que el ser humano se enfrenta al hilo de su propia conciencia —un punto donde lo inevitable y lo incierto se entrelazan bajo la piel.

Óleo sobre lienzo

150x150 cm

Tronie #2 Clotho

Identidad en construcción

Clotho presenta un rostro dividido, atrapado entre la luz y la sombra, entre la construcción y la pérdida de forma. La línea dorada que recorre el centro actúa como una sutura simbólica:

une y separa a la vez, recordando la fragilidad del hilo que da sentido a la existencia. Aquí, la pintura se convierte en una reflexión sobre la identidad en proceso, sobre ese punto donde lo que somos aún se está tejiendo. Serrano transforma a la diosa que hila el destino en un emblema de lo inacabado: el instante suspendido en que la vida —y el yo— aún pueden ser reescritos.

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Óleo sobre lienzo

195x130 cm

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Tronie #3 Atropos

Aceptación de la pérdida

En Atropos, la mirada parece haber atravesado algo que no puede nombrarse. Hay un silencio que no proviene del vacío, sino del desprendimiento. La pincelada, a medio camino entre la contención y el desgarro, deja entrever un duelo sin objeto claro: la pérdida de una

parte del yo, de una certeza, de una forma de habitar el mundo.

Serrano convierte el rostro en territorio de tránsito, donde la materia pictórica se deshace y recompone como si buscara reconciliarse con aquello que ya no está. No hay drama, sino aceptación: una serenidad tensa que insinúa que la superación no llega al olvidar, sino al aprender a convivir con la ausencia.

Óleo sobre lienzo

150x150 cm

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Tronie #4 Alecto

Conciencia del agravio

En Alecto, la furia se transforma en contención. No hay grito, sino una quietud que quema. El rostro, tenso y enrojecido, parece sostener una emoción que no busca justicia, sino comprensión del agravio.

Serrano desplaza la figura mitológica de la Erinia hacia una dimensión más humana: la del deseo de venganza como eco del dolor, como intento de restaurar un equilibrio roto. La materia pictórica vibra entre lo reprimido y lo expresado, entre la herida y la lucidez. En su aparente calma, Alecto se convierte también en un espejo de conciencia: la mirada que devuelve al causante del daño su propio reflejo, no desde la venganza, sino desde la revelación silenciosa de su culpa.

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Óleo sobre lienzo

195x130 cm

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Tronie #5 Megaera

Disolución del resentimiento

En Megaera, la figura se fragmenta entre el gesto y el pensamiento, entre la pulsión y la reflexión posterior. El rostro emerge distorsionado, herido por manchas de color y trazos que atraviesan la composición como restos de una tormenta emocional. Hay en su mirada una

mezcla de recriminación y lucidez: la conciencia de haber habitado el resentimiento y de estar, al mismo tiempo, tratando de soltarlo.

Serrano reinterpreta a la diosa de la envidia y el rencor no desde la cólera, sino desde su disolución. El óleo, cargado y translúcido, actúa como huella de un conflicto interno que se va desintegrando. Megaera no representa la ira: representa el momento posterior, cuando el fuego aún arde, pero ya no destruye —solo ilumina lo que fue herido.

Óleo sobre lienzo

150x150 cm

Tronie #6 Tisiphone

Reparación y recomposición

En Tisiphone, la figura no se desintegra: se recompone. Lo que a primera vista parece una deconstrucción es, en realidad, un proceso de renacimiento. Entre los gestos enérgicos y las veladuras que cubren parte del rostro, la materia pictórica actúa como tejido en reconstrucción, donde la herida se convierte en punto de partida.

Serrano redefine aquí la violencia como impulso vital, como necesidad de rehacerse tras el colapso. La mirada —uno de los ejes constantes de su obra— se divide en dos direcciones: un ojo observa y se proyecta hacia el mundo, mientras el otro, velado o ausente, se vuelve hacia dentro, encarnando la introspección y el examen interior que preceden a toda transformación.

La mirada azul, atravesada por una lágrima cromática, introduce una nota de humanidad que quiebra el dramatismo del conjunto. En ese diálogo entre lo que mira y lo que se mira, Tisiphone deja atrás su origen mitológico para convertirse en una metáfora de la reparación:

una identidad que no se rompe, sino que aprende a recomponerse desde sus propias grietas.

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Óleo sobre lienzo

195x130 cm

Diego Serrano
Lleida, 1975

Pintor contemporáneo español cuya práctica se sitúa en el umbral entre lo figurativo y lo expresionista.

Formado en la Escola d’Art Ondara y en la Barcelona Academy of Art, su trayectoria combina una base académica con una investigación personal centrada en la identidad, la emoción y el conflicto interior.

Su obra ha sido expuesta en instituciones y galerías como el Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM) en Barcelona y Atlantic Gallery en Nueva York.

www.diegoserrano.es

Tronies, serie en evolución

Tronies nace como un cuerpo inicial de seis obras concebido como una unidad expositiva.

La investigación continúa. Nuevas variaciones podrán incorporarse con el tiempo, manteniendo intacto el núcleo conceptual de la serie.

Cada incorporación ampliará el autorretrato fragmentado que articula el proyecto.

Consultar obras disponibles

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